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domingo, 9 de diciembre de 2012

Medianoche, hablando por teléfono

—¿Terminó la sobremesa?
—No, vamos por el brindis.
—¿Brindis? ¡Cumpleaños!
—No, mas bien por despedida de año.
—Ah, mirá. Hoy leí en facebook un mensaje de despedida de año. Pensé que era un poco apurado, veo que no. Dos seguidas me hacen dudar.
—No, ¡no es apurado! Ya se armó el arbolito, listo, ¡autorización oficial para arrancar con las despedidas del año!

¿Quién dijo que el último día del año es el 31?
Y me pregunto, ¿en qué día empieza el próximo?

viernes, 29 de junio de 2012

Anochecer, puerta de la facultad

—... Sabés que perdí la costumbre de escuchar música en la calle.
—Ah, mirá.
—Sí. Fue todo una casualidad, en realidad. Se me rompieron los auriculares y... viste. Pero ahora voy por la calle con la costumbre de armar conversaciones con las otras personas.
—¿Conversaciones? ¿Con gente que te cruzás en la calle?
—No, con... — Hace un gesto con la mano, como tomando algo de sí y llevándolo hacia adelante. Clarísima la idea: con nadie.
—¡Uh! Ja ja ja.
—Sí. Si algún día me contestan, te llamo y me llevás.

jueves, 29 de julio de 2010

Un garrón

"¿Qué no te gusta?", esa preguntita que te hace para "conocerte mejor", o simplemente sacarte una queja, un lamento, algo que te iguale a ella, que te hizo esa pregunta.
Pensás en eso, tratando de maquinar una lista, más o menos aceptable para la consideración de la interlocutora y te sale en voz alta, "¿Qué me da bronca?", "Ah, no no, qué te desagrada, bronca no", y pienso, ¿no es lo mismo?, o simplemente ¿no lo podés dejar pasar como una especie de sinónimo y listo? —ahí tenés uno.
Es que no, ok, no me pongo a putear si se me cae algo de comida del plato.
No me enojo si, cuando voy a leer la contratapa antes de comprar un libro, a ver si me interesa, me encuentro sólo con críticas pelotudas y automáticas del estilo: "Con esta conmovedora historia de pasión y deseo, el genial Fulano de Tal, atrapó a una generación entera, que no volverá a ver el mundo del mismo modo. Ocho pulgares arriba". ¡No se dan cuenta que no me sirve! ¡Si me dejara llevar por eso sólo leería Crepúsculo y Dan Brown!
Tampoco con las traducciones cagadoras de los títulos de películas: "Triple traición", ok, van dos, a como van las cosas, me falta una... me cagó el final.
Ni siquiera me enculo si, mientras estoy contando algo, algo que por alguna razón —vos no escuchaste bien, yo no supe explicar— sonó confuso, me interrumpís diciendo "no aclares que oscurece", sentencia maldita e insoportable que te deja sin otra solución que callarte la boca, siendo que si te calentás y probás una explicación resuena el "si te molesta es porque pasó". Esa supuesta verdad encuadrada en frases con vaivén.
No no, nada de eso me saca de quicio. Pero se entiende.

Igual, en honor al tema de este posteo, algo catártico, les contaré de una vez en que teniendo el departamento para mí sólo durante todo el fin de semana me dije: "¿Qué mejor manera de empezar un sabado que con una ducha y Led Zeppelin al palo?" (Si quieren tirar una, más les vale que se relacione con un polvo mañanero, porque si no, no les creo).
Así que con "Babe I'm gonna leave you" sonando de fondo, ya bajo el agua, me entro a enjabonar, y en ese momento ¿qué es lo que pasa?, sí sí, salta el cd.
¿Puede haberlo hecho un rato antes? No.
¿Puede NO haberlo hecho? —Idea rara, ¿no?—, emm... tampoco.
¿Y qué tal esperar a que termine? Obvio que no, por favor, ¿no ves que estoy ocupado? —dijo alguien en mi cabeza.
Así que en ese lamentable estado salgo a arreglar el asunto, a apretar el botoncito y pasar de tema, cosa que hago con un cacho de bronca, sí, acompañado de alguna que otra puteada, antes de darme la vuelta a la ducha y a mi buen comienzo.
Por supuesto que me patiné en el camino.
Ya de vuelta, algo adolorido, todavía enjabonado, llego a poner un pie en la ducha cuando vuelve a saltar.
¡Seradedió! Cómo no tomar nota de las puteadas que se me ocurrieron, para usar en el futuro, ¿vió?
Y es que, no siendo la primera vez que me pasa algo así, ¿porqué, grito, no lo apago en lugar de dejarme engañar por la idea de que si paso al siguiente tema éste no va a saltar?
Ahora sí, salgo hecho una furia, me vuelvo a patinar, sólo que esta vez voy preparado y me sostengo del sillón (aunque me hice mierda un dedo), y lo apago, apretando con fuerza, como para sacarle el botón por la espalda al equipito querido, y vuelvo para terminar de bañarme y empezar un día que aunque sonaba buenísimo, parece que va a ser una reverenda cagada.

Ya me enojé. Qué garrón.




...ahora sí puedo escucharlo entero.

viernes, 25 de junio de 2010

Al acecho...

Camino al departamento, doblo una esquina y me cruzo a este tipo que con mucho énfasis le decía a otro mayor que bueno, que mucho gusto haberlo conocido y que esperaba verlo pronto, todo en tono un poco alto, casi a los gritos, con voz pretenciosa y un tono docente muy exagerado (que me da la idea de que no sólo practicó lo que haya dicho, sino que también lo ejecutó un buen número de veces).
Para cuando estuve un poco más cerca, y noté la bolsita con manijas que llevaba en la mano, todo el cuadro me cerró. Rápido como sólo las ganas de evadir ciertas situaciones pueden hacerlo a uno, di un cuarto de vuelta (léase viré o no me pegué la vuelta pero me fui para otro lado o, el más cotidiano, crucé la calle) y seguí caminando sin mirar atrás. Les digo que me preocupé por un segundo cuando el tipo se giró hacia mí... pero se ve que soy rápido. ¡Fiú!
Mientras seguía por la otra vereda, hacia el mismo lado que él (o él del mío) pero por la otra vereda, he dicho, y escuchaba cómo intentaba devorar nuevas víctimas inocentes que se cruzaban a su paso mientras buscaban entrar a sus respectivas casas o sólo caminaban con su pareja, utilizando esa voz que me pone los pelos de punta, pensaba en qué molesto personaje creó la compraventa de perfumes: peores que los vendedores por teléfono (es que te tenés que comer el garrón en persona), y nivelados con los mensajes de texto de las compañías de teléfono (hay que darle puntos por los horarios elegidos y los momentos inoportunos), estos seres deambulan por las plazas y parques, en busca de un cruce de miradas, que damos por miedo, ya sabiendo lo que pasará, lo cual nos hace mitad culpables; mirada sobre la cual se lanzan con tenacidad y una habilidad de crear momentos incómodos que harían morir de envidia al DeNiro de Taxi driver.
Este espécimen en particular se encontraba merodeando a unas cuadras de mi casa, a unas cinco o seis del parque más cercano, lejos de su hábitat natural, digamos, lo que me desconcertó un poco: ¡El peligro está en todos lados! Ahora lo sé.

Buenas noches.

viernes, 26 de marzo de 2010

¿Distraído, yo? II

Hay veces —por suerte, ¡gracias a Dios!— que olvidarse de algo, o en este caso de alguien, puede ser útil —ya se que no me creen, yo tampoco, pero déjenme tranquilo.
Lo que me pasó hace un par de años fue que me metí en este grupo de estudio —parcial de lingüística—, grupo que no conocía sino de pasada a la mitad de los integrantes y a la otra mitad no la conocía y punto.
"Nos encontramos en un parque a tal hora el sábado", me dicen. Así que ahí me aparezco, con toda mi pinta de estudiante modelo que le robé a mi vecino antes de inculcarle mi vagancia y pinta de chorro —gracias, loco... y, lo lamento—; reconozco a algunos, se cruzan unos saludos, y nos quedamos unos minutos más a esperar a los que todavía no llegaron.
Tengan en cuenta que siendo un cordobés en Rosario, y pasando en ese entonces por los comienzos de mi primer año en esta carrera, no conocía a muchas personas en la facultad. Digo, era yo, mi sombra y naides más.
La cuestión es que si sumamos esto a mi alto nivel de distracción, del que ya les conté en otra ocasión, cuando veo venir a uno de los chicos, muy parecido a un compañero de otra materia, lo saludé como si ya lo conociera: sé que no hay mucha diferencia entre un "hola, qué tal" y un "ey, che, qué hacé'", diferencia que se mide en general por la respuesta del otro, que llegado al punto y para seguir contando, también se confundió y me respondió como si me conociera:
—¡Ey!, qué hacé'.
—Hola, loco cómo andás, che.
—No sabías que te iba a encontrar acá.
—Yo tampoco. No me diijeron nada.
Y así seguimos marrandola feo, cada uno por su lado, por las razones que sea, con la intención de ponernos al día, tratando de retomar lo último de que hablamos, con la leve sospecha, eso sí, de que no estabamos totalmente en lo cierto. Sospecha acallada, por supuesto, por la respuesta del otro. Qué le vamos a hacer.
Más tarde, charlando los dos, aclaramos que nos confundimos, que yo lo saludé pensando que era otro, y que aunque 5 minutos después ya me daba cuenta que no sólo le había errado al blanco sino que ni siquiera sabía que debía apuntarle a uno, le seguí el juego sospechando por su respuesta que a lo mejor ya lo había conocido antes pero no lo ubicaba —posibilidad para nada improbable, dado las... digamos, "circunstancias"—, y él me dijo que le pasó algo parecido, que también se confundió pero no quiso decir nada. Lo mismo, digamos. Ay, ay, adónde iremos a parar.

Bueno, así fue como conocí a uno de mis compañeros. La pucha. Ya le empecé a encontrar el lado útil. Se necesita práctica para eso.

Saludos.

sábado, 19 de diciembre de 2009

En el super

Estaba esperando en la caja del super, justo después de una señora que para pagarle al empleado va sacando de a uno, de un bollo todo arrugado, billetes de 2 pesos. Se frena y le pregunta:
—¿Cuánto me dijiste que era?
—28 p. sra.
—... y ¿cuánto te dí ya?
—8 p. sra.
—Ay —, a lo que revuelve un poco más su monedero dicendo cosas como "vos decíme, querido, cuando llegue", mientras el muchacho, que ya empezó a ecribir en código morse ("estoy aburrido, estoy aburrido, ..."), intenta fingir que está esperando con paciencia (¿eso es educación o mala actuación nomás?)—. Ahí va.
—Todavía le faltan 10, sra.
Bueno, esto podría seguir y seguir, como de hecho lo hizo, pero por el bien de ¿mi cordura? saltemos a la parte, esa milagrosa parte en que ya terminó de pagarle: el suspiro general, los ojos brillosos, un bebé que llora en el fondo, algún desubicado que aplaude y vitorea... ok ok, lo ví un poco diferente de cómo pasó.
—¿Fuíste al casino? —. Parece que la mujer quería charla.
—Sí, fuí. Y me fue bien, saqué como 100 p.
—Ah, mirá vos. Y ¿cómo te fué? —. No, no lo escribí mal.
—Eh... bien... saqué como 100 p.
—Uh, ¿cuánto?
—100 p.
—A la ruleta, ¿no?
—No, a los electrónicos.
—Sí, ¡qué buena la ruleta, eh! —. Acá el que hacía morse era yo.
—Sí, muy buena, pero yo fuí a los electrónicos, abajo. Arriba está la ruleta, abajo, los electrónicos. Yo fuí abajo.
Y en medio de este tira y empuje y empuje y empuje, llega otra señora con lo que parecía ser medio super en el carrito.
—Caja rápida sra.
—¿Cómo?
—Caja rápida. No más de 8 unidades.
—¿Cuánto?
—8 unidades.
—Uy.. a ver, esperá que los cuento, em... uno (saca una bolsa y la pone en la cinta)... eh, dos (un poco de pan, en la cinta)... treees...

Casi salgo corriendo cuando me dieron el vuelto.

martes, 1 de septiembre de 2009

¿Distraido, yo?

Me acusan de ser distraído, y... sí, tienen razón.
Estoy en Córdoba visitando a familiares. Es de noche, está lindo, así que salimos a comer algo por ahí, algún lugar en el centro. Mientras caminamos por la peatonal, hablando sobre quién sabe qué, ocupado (distraído) como estaba en la triple tarea de caminar-hablar/escuchar-esquivar a todo aquel que no mira por dónde va (como moi), se me cruza algo, un objeto, medio borroso, a dos centímetros de la cara. Pego el manotazo y lo agarro para que no moleste y así poder seguir tranquilo. Ni se me ocurrió pensar qué corno era eso hasta que noté que mis primas se frenaron y se me quedan mirando, entonces me miro la mano y, ¿qué es lo que tengo? Una rosa.
Si me pregunté en ese momento cómo es que llegó a mí y cómo es que se me cruzó una en esas circunstancias, no lo recuerdo, porque en ese instante en que me miré la mano alguien me interrumpió, alguien detrás mío dijo:
—¿La vas a comprar, flaco?
Y me doy vuelta para encontrarme a este tipo, con un canasto lleno de flores, mirándome raro, con curiosidad, como si estuviese poco cuerdo, como si hubiera tomado una de sus flores sin pensar en pagarle.
Así que ahí estoy, flor en mano, éste que me mira fijo, esperando alguna especie de respuesta, y mis primas que se matan de risa. ¿Qué hago? ¿Qué opciones tengo?
1. ¿Me hago el fantástico, muerdo la rosa y me mando unos pasos de malambo (¡óle!)? No, no solucionaría nada.
2. ¿Lo miro medio de reojo y poniendo voz tipo Sandro o cacho Castaña (tengo que buscar mejores ejemplos) le digo "una rossa para la flor más linnda"? Tampoco. Porque... ¡mirá si funciona!
3. ¿O la hago simple y salgo corriendo antes de que piense algo raro? —porque está clarísimo que el que piensa raro es él, ¿no?
Por suerte se me ocurrió una cuarta opción: le devolví la flor mientras me hacía un poco el indignado, ("pero qué hacé', che"), y me fuí, sin daño alguno. Y sí, hay que tener cara.
Lo mejor es que esa misma noche, mientras comíamos algo cerca del lugar donde pasó todo, ¡me volvió a pasar! ¡y con el mismo tipo! Pero qué pedazo de nabo: estabamos sentados, charlando, cuando se me aproxima desde un costado otra flor (¡me persiguen!), estiro el brazo para tomarla de nuevo, de distraído nomas, pero esta vez me frena un "¡epa! ¿otra vez, flaco?".
Una lástima, no me dio tiempo a mostrarle lo bien que bailo malambo.

lunes, 6 de julio de 2009

Portero

Bueno, como no se me ocurre otra cosa que postear, les voy a contar algo que me pasó hace algún tiempo (bueno, no tanto como piensan, algunos meses nomas).
Me encontraba tranquilo en mi departamento, cuando suena el portero. Así que voy de mi pieza a donde está el aparato, ya pensando que es otro que se equivocó de depto. (vale aclarar que ésto pasa todo el tiempo, ya que mi edificio está compuesto en un 50% de oficinas, más o menos, y cada día cae un cliente [de ahora en más el "extraño"] que toca cualquier número creyendo que vivimos todos en el mismo piso [aclaro también que no soy tan inocente che]), como decía, voy refunfuñando porque seguro éste también se equivocó, porque uno es consciente, más o menos, de la disponibilidad de sus conocidos ¿no? (traducción: no estaba esperando a nadie, jaja). Bueno, atiendo y...
Extraño.- Hol*, ¿est* O**ld*? (siempre andan para la mierda, ¿no?, es como una regla)
Yo.- ¡¿quién?!
Ext.- ¡El Dr. Osvaldo! (¡Tenía razón!, me sentiría orgulloso si no pasara tan seguido)
Yo.- ¡No no, equivocado!
Así que cuelgo, y me propongo volver a lo mío pero (y acá empieza lo particular de este caso), no pasaron 10 minutos que suena el portero nuevamente. Atiendo y... ¡Sí, es el mismo tipo!, ¡preguntando por el mismo Osvaldo! Enseguida me llamó la atención el tiempo que tardó en llamar de nuevo, ¿qué hizo durante ese tiempo? (eemmmmm).
Yo.- No, equivocado. Proba en el tercero.
Ext.- Pero cómo, SI ESTOY TOCANDO EN EL TERCERO (Pero fijáte voz, ¡como vas a estar tocando en el tercero si yo no vivo en el tercero!, que cara rota loco).
Yo.- No flaco (ya me entro a calentar), no estás tocando en el tercero.
Ext.- Aahh.
Y cuelgo... o eso intento hacer, porque no alcanzo a darme vuelta que el portero ¡suena de nuevo! Ah noo, este tipo me está jodiendo a mí nomas, ahora es personal. Así que sin tardar ni chistar levanto el tubo...
Yo.- ¡El tercero flaco!
Y logro escuchar, a lo lejos, como dudando un suave "Ah", y nada más porque colgué sin esperar.
Aclaro que no soy de hacerme el malo, para decirlo de alguna manera, pero éste me sacó, particularmente cuando trató de convencerme de que estaba tocando el botón correcto (o de que yo estaba viviendo en el depto. equivocado jaja).

Pero bueno, hay gente distraída (repito, no soy tan inocente, pero prefiero dudar a pasar de paranóico con cada error similar), si yo lo seré, carajo, sino pregunten a cualquiera que me conozca.
Saludos, y dejen sus comentarios nomas.