lunes, 12 de noviembre de 2012

El caballero imposible

Hablemos por un momento del papel del caballero en este siglo o de una persona que se cree uno... o de los gestos caballerescos. Ahí está, mucho mejor. Es que sobre el papel que cumple, una pregunta: ¿papel en qué? ¿qué es esto, una película? Je je je.
Ahora, sobre una persona que dice ser un caballero, y que un psicólogo lo declaró inocente de la acusación de pensarse en la Época Medieval, bueno, digamos que sigue teniendo un problemita. Al menos en mi opinión, que casi convencido estoy de que un caballero, hecho y derecho, hoy en día no existe, se perdió junto con el armadura.
Lo que sí existe, por suerte para este mundo escéptico (yo), son los gestos caballerescos. Gestos que van más allá de ceder el asiento, llegar a tiempo y las damas primero, por supuesto, sino así cualquiera.
Hace un tiempo, de algún lado saqué lo que puede ser considerado una definición de "caballerosidad": buscar que las personas que se encuentran a tu alrededor se sientan cómodas. ¡Pah! Buenísimo.
Por supuesto, me imagino, hay que sacarle un par de cosas a esta idea, ¿no?, para no dejar de lado la comodidad de uno (o sea, hay que agregar algo, en realidad).
A ver: Busquemos la comodidad de otros sin que importune la nuestra. Ahí está...
No, ¿no sería mejor buscar la comodidad de uno sin pasar por encima de la de los demás?
Como sea, todo se trata de comodidad, ¿no? Compremos un sillón tres plazas y listo. Un sillón de esos que parecen una "L", así de paso se puede sentar un cuarto, o si no uno de los tres (yo) se estira tranquilo, feliz.

Ok, hasta acá ¿fenómeno?, pero dos cosas me quedan por contar:
Una. Una chica me abrió la puerta, esperando que yo pase, sí, lo hice y dije "las damas primero" a modo de chiste, a lo que me responde con un tono casi-irónico: "machista". ¡Seradedió! Así no se puede.
Dos. Vi a un chico caminando con el celular pegado al oído que, sin interrumpir la charla, frena su paso para dejar pasar a una señora que cruzó en la esquina. Hace unos pasos más y se hace a un lado por una chica que venía por delante. Todo en dos metros cuadrados. Pero, ¡qué dedicación! Así que, después de la mirada a la chica en cuestión (su mirada, mí mirada, la de todos los presentes, la de la señora también, por qué no, no sea tímida, eh) pensé en este muchacho encontrándose con su Némesis, que en este caso sería un tipo tan educado como él: me los imaginé a los dos, encontrándose en una esquina, se detienen para dejar pasar al otro con un gesto, indicando que pase y "no, pasá vos", "no, dale vos", "dale", "no", "yo tampoco" y así, viéndose medio de reojo, como esquivando al otro, sin aceptar que el otro no se mueve al igual que él, con otra persona (una tercera) en el teléfono hablando todavía sin saber que no lo escuchan, porque algo insignificantemente importante está pasando en ese momento: una batalla cruel, gloriosa, que no despertará el interés de nadie.

5 comentarios:

Menesunda dijo...

Muy "caballeroso" tu comentario Nico. Ojo que si vas en auto es peligroso eso de " pasá vos", "no, dale vos" porque si se deciden los dos a pasar, menudo choque y chau caballerosidad cuando se bajen del auto. Jajajaj

José A. García dijo...

Caballeros eran los de antes, los que andaban a caballo... Creo.

Saludos

J.

Julieta en jumper dijo...

Jajaja... yo suelo tener esos "pasá vos", "no, vos", "pero por favor, pasá" con los que me dejan subir antes que ellos en el colectivo. Porque pobre muchacho, llegó antes que yo, está esperando hace media hora, ¿y todavía me tiene que dejar pasar, sólo porque soy mujer? Me parece tan injusto...
Saludos!

Manuel Darío dijo...

Bueno, la caballerosidad y el agradecimiento si son mutuos y excesivos pueden tornarse un poco insoportables. Del tipo:
- Bueno, muchas gracias che.
- No es nada, gracias a vos.
- No, gracias a vos.

A ver cuándo la cortamos. Gracias a mí y punto.

Nicolás dijo...

Pah, loco. Qué mal que están quedando esos que se quieren pasar de buenos. Hasta ahora puede ser peligroso para la salud, definitivamente es anticuado, y no olvidemos injusto (para las dos partes, ¿no?).
Manuel, te sigo, cortemos con tanta dulzura caballeresca.