Mostrando las entradas con la etiqueta divagues. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta divagues. Mostrar todas las entradas

miércoles, 10 de abril de 2013

Me sigue hablando

Aviso de antemano: este mate viene amargo.
El mundo conspira para decirme algo. "¿Qué cosa?" preguntarán algunos. No importa, todavía no. El tema aquí es esa sensación (porque es una sensación) de ver al mundo planeando, moviéndose a voluntad con el sólo propósito de dialogar con uno. Todo lo que veo y escucho, cada cosa que hago me lleva a esa idea que grita en mi cabeza. Llega un momento en que quiero gritar con ella, o escuchar lo que me dice.
No me malinterpreten, me gusta esa sensación: nada mejor que tener las cosas claras. ¿Cuántas veces el hombre supo lo que quiere? Todo un privilegio.
Lo que me molesta es que siga tiempo después de haber gritado junto a la voz en mi cabeza. Esa insistencia me parece no inútil, sino insoportable.
Me quedo corto: es de hijo de puta. Ahí va. El mundo conspira para decirme algo y yo pienso que lo hace porque es un insoportable hijo de puta.
Ya desaté el nudo gordiano en mi cabeza.
Ya aclaré mis dudas.
Ya hablé con ella.
Pero el mundo me sigue hablando.

lunes, 12 de noviembre de 2012

El caballero imposible

Hablemos por un momento del papel del caballero en este siglo o de una persona que se cree uno... o de los gestos caballerescos. Ahí está, mucho mejor. Es que sobre el papel que cumple, una pregunta: ¿papel en qué? ¿qué es esto, una película? Je je je.
Ahora, sobre una persona que dice ser un caballero, y que un psicólogo lo declaró inocente de la acusación de pensarse en la Época Medieval, bueno, digamos que sigue teniendo un problemita. Al menos en mi opinión, que casi convencido estoy de que un caballero, hecho y derecho, hoy en día no existe, se perdió junto con el armadura.
Lo que sí existe, por suerte para este mundo escéptico (yo), son los gestos caballerescos. Gestos que van más allá de ceder el asiento, llegar a tiempo y las damas primero, por supuesto, sino así cualquiera.
Hace un tiempo, de algún lado saqué lo que puede ser considerado una definición de "caballerosidad": buscar que las personas que se encuentran a tu alrededor se sientan cómodas. ¡Pah! Buenísimo.
Por supuesto, me imagino, hay que sacarle un par de cosas a esta idea, ¿no?, para no dejar de lado la comodidad de uno (o sea, hay que agregar algo, en realidad).
A ver: Busquemos la comodidad de otros sin que importune la nuestra. Ahí está...
No, ¿no sería mejor buscar la comodidad de uno sin pasar por encima de la de los demás?
Como sea, todo se trata de comodidad, ¿no? Compremos un sillón tres plazas y listo. Un sillón de esos que parecen una "L", así de paso se puede sentar un cuarto, o si no uno de los tres (yo) se estira tranquilo, feliz.

Ok, hasta acá ¿fenómeno?, pero dos cosas me quedan por contar:
Una. Una chica me abrió la puerta, esperando que yo pase, sí, lo hice y dije "las damas primero" a modo de chiste, a lo que me responde con un tono casi-irónico: "machista". ¡Seradedió! Así no se puede.
Dos. Vi a un chico caminando con el celular pegado al oído que, sin interrumpir la charla, frena su paso para dejar pasar a una señora que cruzó en la esquina. Hace unos pasos más y se hace a un lado por una chica que venía por delante. Todo en dos metros cuadrados. Pero, ¡qué dedicación! Así que, después de la mirada a la chica en cuestión (su mirada, mí mirada, la de todos los presentes, la de la señora también, por qué no, no sea tímida, eh) pensé en este muchacho encontrándose con su Némesis, que en este caso sería un tipo tan educado como él: me los imaginé a los dos, encontrándose en una esquina, se detienen para dejar pasar al otro con un gesto, indicando que pase y "no, pasá vos", "no, dale vos", "dale", "no", "yo tampoco" y así, viéndose medio de reojo, como esquivando al otro, sin aceptar que el otro no se mueve al igual que él, con otra persona (una tercera) en el teléfono hablando todavía sin saber que no lo escuchan, porque algo insignificantemente importante está pasando en ese momento: una batalla cruel, gloriosa, que no despertará el interés de nadie.

martes, 25 de septiembre de 2012

En el ojo de quien mira

Para empezar: hay un problemita con el que me suelo encontrar. No es grave, sino figuraría en otro lugar. Se trata de una mera confusión. O dos, dado el caso.
Primera: pensar que "escribir" y "leer" son verbos cuyo sentido termina en una hoja de papel en blanco y algún racimo de cuentos y literatura, cuando lo que hacen en realidad es referir actos de creación y percepción. ¿A qué me refiero? Acá un ejemplo que haría sonrojar de orgullo a un autor de "autoayuda": tanto escribo un libro como escribo mi vida son oraciones que refieren a un acto de creación (ay, qué profundo el ejemplo, ay ay).
Segunda: ignorar que "leer" hace referencia a ambos actos (de creación y de percepción)*. Basta con decir que cualquier lectura que yo haga es mí lectura (redundancias a parte) para ver que comprende creación.
Bueno, espero que este mejunje haya servido de algo.
Ahora que perdí su interés, voy a pasar a contarles esto que me vino a la memoria...  vaya uno a saber por qué.
En un día de mal humor, pero MAL humor, incluidos el dolor de cabeza y las ganas irrefrenables (casi) de patear pequeños animales lanudos para verlos desaparecer en el horizonte con la secuencia típica de dibujos animados: silbido, brillo y ¡plin!; en uno de esos días, decía, de camino a la facultad me sentí observado. Observado por todo tipo, dama, níneo, lo que fuere. Esto me puso más incómodo. No mejoró mi humor.
Lo que pasa es que si un tipo, dama, etc etc., viene de frente, y una vez cerca (como para verle el brillo en los ojos) se aleja unos pasos al costado, tirando al vuelo una mirada de miedo, curiosidad o risa (en esas condiciones, molesta cualquiera); si noto gestos como esos en todo aquel que pasa al lado mío, y precisamente porque pasan al lado mío, ¡cómo no voy a volverme paranoico!
Por suerte, un rato más tarde, pos-cefalea, se me cruzó por la cabeza una idea vaga (observen mi sagacidad): esas cosas las noté yo, sin ayuda de nadie. Que alguien que viene de frente me mire a la cara... no tiene nada de especial. Particularmente si la susodicha cara es de culo, dolor y sueño, todo junto. Se entiende también el esquive, si de verdad pasó. Y si algún perrito me ladró, también (capaz me adivinó la intención).
La cuestión es que, trastornado como estaba, entendí cualquiera.
Cada cual lee lo que (y cómo) quiere leer. Depende de muchos factores: el humor, por ejemplo.



          
* "escribir" también, pero como no viene al caso, no lo digo. Je je je.

sábado, 16 de junio de 2012

Duda existencial

Entre amigos, compañeros y conocidos.
Dentro y fuera de un aula.
Desde ayer y aún hoy.
Y aunque la RAE diga que está bien de las dos formas.
Tarde o temprano escucho la pregunta que también me llamó la atención:
¿Por qué no se dice "Presidenta"?
Simple. No es un sustantivo, sino un participio de presente activo.
Presidente= el que preside.
La diferencia de género la da el artículo: EL Presidente, LA Presidente.

Me siento como un mago develando un truco... ponele.

viernes, 4 de junio de 2010

Verborrea: Surrealismo

Algo pasa con este tipo de versos, poesía o como sea, que no cabe forma de entenderlo, no del todo al menos, pero que me pide leerlo más.
Vengo con este temita porque en estos últimos tiempos, no se cuántos, no pregunten, el surrealismo está tocando a mi puerta más seguido que de costumbre. Tomen como ejemplo una conversación por chat —que conociéndome, viendo cuánto me afano por el msn, ya ahí tenemos un evento surrealista—, lo primero que me dice, antes del habitual "hola", o el que tanto espero, "¡qué carajo hacés conectado!", me pide que lea las siguientes palabras y le diga si se me ocurre alguna relación real, algún significado aparente... si sabía qué corno querían decir, digamos; y me largó ahí nomás un versito de 5 o 6 palabras que no tenían relación una con la otra, pero daba esa sensación de que si insisto, si me doy la cabeza contra la pared, algo voy a encontrar. (El verso en cuestión no lo recuerdo, y tiraría algo mío, pero se me ocurre algo mejor: pasen por este blog y busquen la entrada "50 razones para responderme", excelente posteo en que una de tantas, como 50, jeje, es la surrealista; vayan, los espero...
...¿Listo? Ah, ok... cof cof... ¿Ahora sí? Seguimos...)
Le pregunto, ya vencido, de dónde lo sacó, y me dijo que acababa de escribirlo, pero que no sabía que significaba. ¡Carajo!, digo, que este tipo se lo tomó muy en serio. Ahí nomás me tiró un par de versos de Béquet y otros más al son de "esto sí lo entiendo, estos sí son versos".

Por otra parte, acabo de terminar un librito que me paso una compañera, que no es otra cosa que una antología de poesía surrealista (¿y qué otra cosa iba a ser, en un posteo con semejante título, me puede decir usté?), y sinceramente, me lo comí —no no, leíste mal, no dije literalmente—; y aunque no entedí la mitad, buena parte me hizo reír —creo que para Freud de eso mismo se trata el chiste, ¿no?—, y hubo unos cuantos que me gustaron, aún con la certeza de que lo que interpreté no fue lo que el otro escribió, pero igual...
No se, algo tiene esa escritura automática, o poesía psicoanalítica, que por ahí atrae, y muchas veces no; que puede servir como ejercicio, pero sólo por un corto tiempo.

Y para cortar este mejunje retórico, les dejo uno que me gustó, entendí y me hizo reír —¡fa! es como un mundo en si mismo, che—:

Las canciones más cortas

Al pájaro que canta en mi cabeza
Y me repite que te amo
Y me repite que me amas
Al pájaro de fastidioso estribillo
Lo mataré mañana a la mañana

                                    Jacques Prévert

...y un temita del flaco, que no viene mal.



Salute.

jueves, 31 de diciembre de 2009

Fin de año

Los últimos años que pasaron los despedí con el mismo pensamiento —una sensación, más bien—: que esta etapa del año pasa demasiado rápido, y sin embargo, cosa rara, casi no produce nostalgia, como supondría el término de un momento que nos gusta.
Es que el año se termina, ya se acercan las fiestas y uno se encuentra hasta el cuello en la sensación producida por el reencuentro con amigos y familiares, con la despedida de los libros de texto —al menos por el momento—, y con el asadito, los festejos que nos llevan de un lado a otro —sin que opongamos ninguna resistencia, por supuesto— y las siempre presentes "puestas al día": cómo te fue —pregunta más usual en esta parte del año que la mundana "cómo andás"—, bien, re bien, y contame qué anduviste haciendo, uy, de todo (que salí, aprobé, fuí, viajé y qué se yo qué otro verbo puesto en perfecto), y ahora viajás a alguna parte, sí o capaz o no sé o no, mirá vos che, pero qué bueno verte, loco —acá nos ponemos sentimentales—, sí hermano, pero qué rápido se pasó el año.
Y acá me detengo, porque, no importa por dónde vaya la conversación, siempre, pero siempre, cae en esa frase casi escrita en piedra y que no admite variación en las palabras que la conforman. Parece que al repasar el año, desde esta altura, uno ya no se siente afectado por el lento transcurso del tiempo —de paso tortuguil— ocurridos en esos momentos tediosos o pesados: horas de estudio (con textos o materias que no nos caben), momentos difíciles, o días nomás en que no había un corno para hacer.
Entonces, metidos todos en esta vorágine de luces y festejos, casi pasamos de largo, como sin darnos cuenta, a través de los días que hacen de Diciembre el último mes del año (un final a toda máquina). Y ¿por qué? Bueno, será porque somos concientes de la cantidad de veces que vivimos lo mismo —no exactamente lo mismo, che, se entiende...—, y tal vez podamos agregar el hecho de que, a pesar del pensamiento de "tirar la casa por la ventana", pensamiento que casi nos caracteriza, nos sintamos seguros cuando decimos que esta no será la última vez.

Bueno, me puse un poco oscuro, mejor la corto acá y no dejo que se extienda, ¿vió?. Saludos a todos, les deseo un muy buen comienzo de año —o un muy buen fin de año, como ustedes quieran, lo que necesiten, tomen los dos si quieren, la verdad me siento generoso— y que la pasen bien.
Un abrazo.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Parole parole parole

Las palabras siempre están; vienen y van, sí, pero nunca desaparecen realmente. Incluso cuando uno hace silencio durante no sé cuánto tiempo o cuando no sabe qué corno decir ahí estan, aparecen de la nada para aclarar la situación —como si quedara alguna duda—, "¡no sabés que decir!" dicen (y me faltó la risa maléfica que agregan a veces).
Hay quienes le piden a uno que hable, que por favor diga algo, porque no soportan el silencio, y hay otros que le insinúan que la falta de comunicación, digamos, no le va a representar un problema.
Ahora bien, hablar constantemente no es necesariamente comunicarse (¿alguien vió esa pelicula?), eso se lo entiende bastante bien. Pero viendolo desde el otro lado, no es necesario esperar a tener algo interesante y útil que decir para abrir la boca y pronunciar una palabra. Si fuese realmente así nadie hablaría de fútbol o cualquier otro deporte, de alguna película que acaba de ver, y la lista se iría acortando sola, hasta el punto en que no podemos contar siquiera cómo nos fue anoche, ayer en la facultad o el otro día cuando caminaba por la calle y me crucé a este tipo vestido de payaso..., porque seguro que no va a ser algo que no hayamos escuchado o vivido ya en otro momento. Por lo tanto esa información deja de ser útil. O sea, todo muy lindo flaco pero si ese payaso no salió volando de repente, no me cuentes más. (Sobre este tema tengo algo más que "aportar", sí, entre comillas, pero lo dejo para otro posteo, ya verán).
Por el otro lado, no se puede negar que muchas veces lo mejor que podemos hacer es cerrar la boca y hacer silencio. Pero no tengo que recurrir a esos momento para probar algo. Es más, no tengo nada que probar jeje. Pero lo que sí quiero decir es que no tiene por qué ser incómodo el silencio. Ok, sí, hay casos, muchos, en que sí lo es, pero eso no es para que generalicemos y que TODO silencio pase a ser desagradable.
Claro, fijense sino, paren en una esquina cualquiera y escuchen. Autos, gente, perros, ruidos por allá, bocinas por acá, ¡hasta los pájaros hablan! Así que de vez en cuando uno hace silencio, ¿esperando escuchar al otro?, nooo... jejeje sí, está bien, pero no siempre. Uno muchas veces busca el silencio mismo. Aportar silencio. Lástima que el silencio, desde que tengo memoria al menos, no es sino la ausencia de sonido. Así que cómo podemos aportar algo que ni siquiera es.
Bueno, ya se me ocurrirá algo. O alguno de ustedes sabrá cómo hacerlo y me lo dira  —siempre y cuando no me digan que la haga simple y me calle la boca, porque eso no funciona realmente, después de todo en este momento, mientras escribo esto, no estoy hablando y sin embargo...
Je je je. Como dije antes, las palabras van y vienen pero nunca, ni siquiera cuando así lo creemos, desaparecen.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Lo que importa está entre paréntesis

Alguna vez escuché por ahí a alguien decir eso, que lo importante es lo que va entre paréntesis, que significa algo así como "lo importante está en los detalles" o "...en las pequeñas cosas". Hoy estoy aquí para probarles que eso no es cierto, que la persona que dijo eso se equivoca.
Es que me da la sensación de que ahí hay una paradoja. Digo, a lo que se refiere es a darle mayor importancia a los pequeños detalles, que son necesariamente "menos" importantes que todo lo demás, lo que elevaría su condición de simple detalle a... bueno, algo más importante. ¿Se entiende por dónde voy? ¿No? Bueno, a ver si lo puedo hacer más simple.
Cuando era chico, yo pensaba (sí sí, ya se, "¿pensabas?" jo jo, pero che, que no puedo ni empezar), alguna vez, decía, por allá en mi niñez ("aah" dirán algunas en este momento, porque como se habrán dado cuenta el simple hecho de nombrar a algún chico, o la palabra "niñez" o "niño" nomás, esa es un poco mejor, sirve para simpatizar, si no es con todos, tal vez sí con la mayoría, particularmente en el sexo femenino. Como esta compañera que tengo, por ejemplo, no, no la tengo por ejemplo, la tengo como compañera, ¡pero che! no puedo decir nada tampoco, además, ¿cómo se tiene a alguien de ejemplo? No, es una compañera que tengo de compañera —ahí está, ¿conforme?—, y que cada vez que ve o alguien le menciona uno de esos estereotipos "dulcificantes", digámosles, o sea, un chico, un perrito, una florcita, y otras cosas que se mencionan en diminutivo, se vuelve loca, ¡crazy les digo!, y uno se queda ahí, esperando que el ataque de ternura inducido por tal o cual visión se le pase, y deje de hacer esos ruiditos —si si, ya sé, está en diminutivo, jo jo—, parado en medio de la calle, pidiéndole disculpas a los conductores que te tocan bocina y te putean amenazando meterte ese perrito por dónde la luz no llega y vos mientras los mirás como pidiendo disculpas —digo "como", porque no las pedís en realidad—, y señalás el perrito, como mostrándoles que algo importante está pasando —cosa que ni vos creés— y que eso te exonera de los castigos prometidos por las culpas que te están achacando, y que dicho sea de paso, son totalmente ciertas, después de todo, ¡qué carajo hacés en medio de la calle, esperando a que tu compañera, la cual se frenó a ver un pequeño cuadrúpedo "ladrador", se mueva! ¡¿Nunca escuchaste de dar el ejemplo?! Si vos te movés, ella de seguro te va a seguir —¿Cómo? ¿Cuándo dije que no se puede tomar a alguien como ejemplo? ¡No jodas!—, así que hacete un favor, ¡movete de en medio de la calle y dejá pasar a los autos, loco!)...

... ¿Qué estaba diciendo?...

... esteemmm...eeh... un segundo...

Ah, sí, que lo importante está entre paréntesis. Bueno, el que dijo eso no tiene razón.

viernes, 28 de agosto de 2009

Me falló el tema...

Esta entrada iba a ser otra cosa. Estaba pensando en escribir una segunda parte de Defensa del invierno pero ¿cómo hacerlo? ¿Cómo defender a una estación que hace lo indecible para vapulearse? Porque que me bajes de vez en cuando la temperatura, Invierno, estaría bueno, como también que te saltees alguna que otra helada o alguna lluvia en su defecto, pero, de ahí a tomar la temperatura del verano ¡del verano! ¿Qué te pasó, tenés baja la autoestima?
Ayer estuve en la facultad con temperatura de verano —¡un calorrr!— y me dí cuenta que esa estación está al final del año porque... bueno, eso mismo: ¡está al final del año! Cuando todo se termina empieza el verano, y empieza el verano porque todo se termina (creo que por ahí entraría un ¡cuac!). Siendo así, te digo: ¿qué hacé Invierno?, ¿pa qué exití?, ¿eh?, ¿eh? Para qué queremos el verano a medio año si ya lo tenemos al final. Y otra cosa: pudiste copiarle a la primavera, que es más suavecita, pero NOOO, vos tenés que copiarle al verano, saltearte toda una estación, como para hacerlo sin sutilezas, más obvio pegale con un ladrillo ¿no?.
Una de las razones por la que uno (yo) habla y te critica, Invierno, es porque no hay nada más fácil: hablamos para sentirnos mejor, aún sabiendo que no vamos a cambiar nada, y sabiendo también que todos van a estar de acuerdo con nosotros (todos menos uno, siempre hay uno...ceci). Pero uno (yo) lo hace con la mejor intención, sin ánimo de ofender (ok ok, no siempre), pero no es para tomárselo así, tan personal ¡che!
No es para que te calientes... literalmente.

Este fue otro aviso de UMPF, este pequeño espacio donde diatribas inofensivas y divagues instantáneos se juntan para patear tus minutos hasta el blog de la esquina. Porque, como siempre digo, para cosas importantes... están los otros, jeje.

lunes, 20 de julio de 2009

Vacaciones

¿Se dieron cuenta que las vacaciones son una de esas cosas que terminan justo apenas empezaron, si no antes? Al igual que un chiste mal contado, las vacaciones no tienen duración.
Mírenlo de esta manera: les dan dos semanas de "descanso" y uno ¿qué empieza a hacer? A programar, a ocupar ese tiempo con cosas que uno quiere hacer: que me voy de viaje con la flia/los amigos, que me leo la novela que hace tiempo quiero leer, que... bueno, qué se yo, uds ya se habrán dado cuenta. El tema es que uno ve cada una de estas cosas como tiempo ocupado (no necesariamente desperdiciado, ojo) y eventualmente cae en la cuenta de que el tiempo no alcanza para todo. Por lo tanto, antes de empezar, al darse cuenta que no le va a alcanzar (que no "llega"), da por terminado el receso, o sea, uno lo da por terminado porque, no sólo ya conoce el final, sino que está ahí, imaginando una solución -¿ahora se entiende mejor lo de "chiste mal contado"?. (Esto se aplica mejor a las "vacaciones" de Julio, tanto es así que lo tengo que poner entre comillas)
Ahora, yo soy de los que piensan que el tiempo (o al menos la "duración" del mismo) es relativo. Porque el que me pregunten si alcanza o no, es, como dijo Dolina, "como si me preguntaran si 26 es mucho o poco". Depende de dónde se mire. Lo que quiero decir es que si no duran nada es porque nos esforzamos en hacer, en esas dos semanas (o en las que sean), lo que no pudimos hacer en el resto del año (hagan los números, se darán cuenta que es mucho).
Así que, yo propongo decirle NO a las vacaciones... ¡Ja! Sí, claro. ¿Cuántos de uds se la comieron? No no, ahora en serio (¿en serio?), lo que propongo es que me digan qué piensan, qué hacen, cómo lo hacen, porque me gustaría saberlo, necesito saberlo, necesito una solución ¡porque me queda una semana y no me alcanza el tiempooo!